Y vuelve a amanecer
A la inmensa mayoría de las personas ya nada les importa. Nada les conmueve, se dejan dominar por el cuerpo que necesita ser admirado, por la belleza que pide ser reconocida, se meten en la rueda que les hace ser sibaritas de sí mismos. Se olvidan del alma que les cobija, y no son capaces de ver el alma de los demás.
Se adentran en esa trampa consumista que domina los medios, y anula el medio de su vida interior, se convierten en la fachada que creen quieren ver los demás; hay que cubrir las apariencias.
Se disfrazan de marcas que por su coste, han aprendido que causan la envidia de los demás, se olvidan que los sueños están al alcance de todos, te recuerdan lo importante que es la humildad.
Y qué fácil les suele resultar hacer juicios premeditados sobre los demás, se olvidan que prejuzgar es lo mismo que no respetar, y a mí me dan pena cuando no son capaces de explicarme como son los colores de un atardecer, porque están tan ocupados en sí mismos, que se olvidan que el cielo nace y muere todos los días.
Y compran perfumes Chanel, y cenan en los tres tenedores que les recomendaron ayer, pero ignoran al mendigo que devora el frío.
Y se fijan si las botas nuevas de aquella...son de piel, pero son incapaces de interpretar la mirada de ternura de un niño que está aprendiendo a querer.
Y vuelve a amanecer, y la esperanza sigue en píe luchando por alcanzar un nuevo atardecer.



