Su señoria: Telefónica S.A.
Pues sí, su señoría.
El verano pasado, más concretamente en agosto, cambié de residencia. Estrené piso y también urbanización.
Entre otras cosas, al llegar pedí el alta de línea a Telefónica. La semana pasada Telefónica… vino a mi casa y me dio línea y ADSL.
Entre los puntos suspensivos ha pasado (si se descuidan casi un año).
En esos meses, se han quedado: continuas llamadas, el gasto consecuente de móvil por las mismas, incursiones constantes al ciber (otro gasto) y la apropiación de ordenadores ajenos cada vez que tenía ocasión.
Podía sencillamente haber pasado de la situación, pero como no puedo dejar de escribir, he seguido manteniendo mi blog, leyendo el de mis amigos/as, y además en ese lapsus de tiempo me han publicado mi primer libro en digital.
La soledad descansa cuando muere el invierno
Ya sabemos que Telefónica es un monopolio y eso a mi juicio significa, tener la sartén por el mango. Aquí sencillamente, han esperado a que esta zona se urbanizará, llegaran habitantes y cuando les ha parecido oportuno, han empezado a dar líneas y de esa forma ha llegado para la compañía –el facturazo-.
A mí, de nada me han valido…enfados, continuas llamadas, reclamaciones etc. Total ¿Quién soy yo?, está claro para ellos nadie, sólo un ingreso más.
Incluso he intentado en estos meses, pedir línea en otras compañías, pero…todo pasa primero por Telefónica, si ella no da línea, pues nadie puede hacer nada. Total que he tenido mi línea cuando a su señoría le ha dado la real gana.
Ahora ya debo olvidar el tiempo pasado, porque claro, ya tengo mi servicio, sin embargo, hay algo que está muy claro, que los monopolios son una fuente increíble de poder y que otro gallo nos cantaría si tuvieran…competencia. Más que nada a favor de los usuarios, que a fin de cuentas somos siempre los mayores perjudicados.



