¡Dejad qué los inmigrantes se acerquen a mí!.
Hay un alma en Albuñol (Granada) que habla de solidaridad; ésta, es el idioma oficial de Dios. El ángel Gabriel Castillo, párroco de profesión y militante de su propia moral, acoge en su casa a inmigrantes que tirados en la calle y apesadumbrados por el hambre y seguramente creyentes, en tales circunstancias, ya sólo pueden esperar la ayuda de Dios (del arzobispado, no) y sólo de Dios.
Gabriel se quiebra los cascos pensando que puede él hacer y decide ayudarles. Según la filosofía del divino, Gabriel hace lo que debe hacer; hay que ayudar a los necesitados, dar de comer al hambriento; pero…vil trabajador de Dios, no te excedas saltándote las reglas que el arzobispado y los papistas han impuesto aprovechándose que ellos, no hablan el mismo idioma que el Dios al qué tú hablas y quieres. Pensarán que quizás es imperdonable que un párroco joven de 27 años, no sea capaz de entender que la religión y sus principios de fe, se tienen que mantener en el puño cerrado del caciquismo católico. Un puño que en Roma tienen muy en cuenta, y que se encargan de enseñar en todos aquellos rincones (y en todos los idiomas) sospechosos de querer seguir con la filosofía divina, según el ángel Gabriel. Una filosofía, la del puño, que no va conmigo, y al parecer Gabriel, también es de los míos.
Pero a él por querer ayudar a Dios en su tarea, le han concedido la palabra y oportunidad de poner voz a la solidaridad humana, desde su iglesia, (la casa de Dios). Una solidaridad que choca con el muro inquebrantable de aquellos que creen que su voz anda dando saltos por encima de la verdadera religión católica. Sí, la verdadera, la que ayuda, la que favorece al más necesitado, la que trabaja por y para ellos. Según mis principios humanos y católicos, el Dios que yo amo…está de acuerdo, y trasladaría a aquel que amparándose en su condición, abusa de los niños, o hace oídos sordos a las necesidades de los menos privilegiados, o se limita a dar el sermón dominguero poniendo cierto énfasis, en lo necesaria que es la generosidad, en la recolecta para mantener viva la imagen de la iglesia. Y en esa imagen caben todas las almas de Dios, también, las cínicas e hipócritas, que suelen practicar la regla de…"A Dios dando y con el mazo dando”. Pero los “otros” se empeñan en demostrarme que no es así, a mí y a todos los que sienten como yo, y entonces no trasladan ni discriminan al qué, no ayuda; lo hacen con el ángel Gabriel y otros ángeles que actúan adaptándose a los problemas que traen el progreso del mundo, y a los efectos de las puertas abiertas a la inmigración en nuestro país, etc, etc, etc…amén.
Dejad que los inmigrantes se acerquen a mí...pero en voz baja y sin que se entere nadie.

