La cara oculta de la vida.
La cara oculta de la vida, siempre permanece escondida en el epicentro de la historia. Hay que saber buscar, leer entre líneas e intentar conocer todo lo que un día se ha quedado grabado en los anales de la historia, que va pasando de unos ojos a otros. Los ojos transfieren al corazón. Algunos son de piedra y la escarcha se adueña de lo ilógico.
Pero cuando las fibras escondidas en el adobo del paso del tiempo llegan a los corazones que palpitan, la historia permanece viva y se aloja en el calor profundo de lo lógico.
La historia heredada del mundo, es un crisol de desgracias, injusticias y realidades, que están ahí para enseñarnos, hacernos pensar en lo valioso que es la vida. Leyendo a través de la historia descubrimos lo que la mano del hombre es capaz de hacer y también de aquello que nunca hizo.
Somos sombras que germinamos la tierra, engordamos la cultura a través de la creatividad, ensanchamos la escala de valores del ser humano o sencillamente demostramos que sin raciocinio, convertimos nuestro hábitat, en un caos; les legamos inevitablemente a nuestros descendientes el error de nuestros actos.
Errores que se notan en la degradación del medio ambiente, en la decadencia personal de sentimientos puros traspasados, en la falta de respeto a nuestros mares, en la bajeza de la condición humana que a menudo, nos obliga a luchar contra aquello que debería ser un ejemplo de convivencia y solidaridad.
Tenemos en nuestras manos el instrumento necesario para ahuyentar a los fantasmas de la historia negra de la humanidad. Pero inevitablemente, el egoísmo, el interés del propio yo, el individualismo, nos pone un muro delante que nos impide ver que nuestro yo, va más allá del límite de lo personal.
Todos deberíamos ser uno, cuando se trata de sembrar la igualdad en el amplio sentido de la palabra. Y sencillamente preguntarnos a nosotros mismos ¿Qué sería de mí sin los otros? y también a menudo preguntarnos ¿Qué sería de los demás sin mí? Mientras no seamos capaces de entender que nos necesitamos, no podremos sembrar nuestra semilla en los demás. Y eso nunca debe suceder ya que entonces, nos convertiremos en sombras que nadie recordará.
Debemos explicar cada día a nuestros hijos que son el legado del futuro, que cada día sale el sol, aunque a través del cristal nunca cese la lluvia.



