Adiós
Hoy he empezado con una limpieza cautelosa y lenta en mi pc.
Me ha costado bastante en los últimos meses decidirme a esta limpieza.
Esto sólo podía hacerlo, después de conseguir primero la limpieza interior. Cuando te das cuenta que alguien que te importaba de pronto te ignora, empiezas a pensar en ello. Yo lo he hecho despacio sin precipitarme y después de una discusión entre comillas, en la que quedó al descubierto la verdadera naturaleza de sus sentimientos hacía mí, me he dado cuenta que casi sin querer, a veces, se producen situaciones en las que el subconsciente delata, y en esta ocasión es lo que ha sucedido.
Ahora entiendo muchos silencios.
La amistad es muy compleja, siempre he creído que está unida a un hilo muy fino y se puede romper en cualquier momento. Pero no puedo dar mi amistad, seguir dando mi amistad a una persona que ignora o intenta hacerme creer que ignora, los sentimientos que he entregado o los que me ha entregado a mí, aunque hayan sido en menor medida.
Ignorar lo que he entregado es ignorarme a mí misma como persona, mujer y amiga.
Lo acabo de descubrir simplemente al leer un texto en el blog de esta persona.
Y la limpieza ha empezado en ese momento. He eliminado el enlace de mi escritorio y desde luego sé que se terminó. Se acabaron los encuentros en mi ciudad o en cualquier otra.
El Messenger pesará un poco menos, y mi corazón se reserva la opinión.
Necesito sentirme estimada, querida, comprendida, valorada y respetada (como todos) y acostumbrada en el terreno de la amistad a pensar primero en el otro, hoy he descubierto por un sencillo texto, que en este caso primero soy yo y yo estoy por encima de ligerezas, silencios, y juegos de palabras.
Ni yo, ni mis palabras juegan, me considero demasiado valiosa. Digo esto porque hasta hace muy poco me he considerado muy poca cosa, pero ahora me considero valiosa, como persona y también como mujer.
A partir de ahora ningún hombre sea amigo, marido o conocido conseguirá infravalorarme. Mí yo está conmigo y con mis hijas en primera instancia, y después con amigos y amigas que me valoren, respeten y no oculten a los demás, los sentimientos que entrego.
Y por supuesto que cuando me siento contrariada apliquen la formula de…no hagas nada.
Para qué luego digan, menudo desahogo esto de poder escribir y que yo lo hago por pura necesidad y no para escribir aquello que sé puede “jorobar” con algún mensajito oculto.
No hay ni lágrimas, ni rencores, sólo olvido y quizás decir…fue un placer. Siempre fue un “hasta mañana” ahora es un adiós.



